
La muerte de Silvia Tortosa, ocurrida el pasado 23 de marzo de 2024, abrió un debate que trasciende lo estrictamente personal para situarse en el terreno legal y social. La actriz catalana, de 77 años, no solo fue una figura relevante en el cine, el teatro y la televisión, sino también una mujer que afrontó de manera pública su enfermedad y sus conflictos personales. La polémica en torno a su herencia, marcada por la exclusión de su marido Carlos Cánovas y la redistribución de su patrimonio, ha ocupado tanto a juristas como a la opinión pública. Tras descubrir una infidelidad, tomó la decisión de modificar su testamento ocho meses antes de fallecer, configurando un legado que ha generado tanta admiración como controversia.
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La modificación del testamento y la exclusión de su esposo
En sus últimas decisiones, Silvia Tortosa fue clara y firme: Carlos Cánovas, su último marido, quedó fuera de cualquier beneficio económico. El patrimonio en juego incluía varios inmuebles de gran valor: dos pisos en Barcelona, una vivienda en Madrid y una casa en la exclusiva urbanización Puerta de Hierro, estimada en más de dos millones de euros.
Este cambio en su testamento fue interpretado como una reacción a la ruptura de confianza sufrida en su matrimonio, pero también como un acto de responsabilidad hacia las personas que sí habían formado parte leal de su vida. Testimonios cercanos, como el de su representante Tony Aliaga, reflejan que la actriz afrontó esta decisión con serenidad y total convicción.
Los destinatarios de su patrimonio y el valor de la planificación sucesoria
La redistribución de los bienes de Silvia Tortosa puso de manifiesto el peso de sus vínculos personales. La principal beneficiaria fue Ana Congost, amiga íntima y albacea, que heredó varias propiedades, incluida una valiosa vivienda en Madrid. También Ana Umbral fue favorecida con una casa cargada de recuerdos personales.
El testamento contemplaba, además, la entrega de una suma económica y bonos a la familia de Charles Davis, su primer esposo fallecido. Como gesto solidario, destinó 50.000 euros a las Hermanitas de los Pobres.
Estas disposiciones reflejan una herencia entendida no solo como transmisión patrimonial, sino también como expresión de afectos y compromisos. Desde el punto de vista jurídico, la claridad de su testamento evitó posibles disputas y aseguró que sus deseos prevalecieran.
La controversia con Carlos Cánovas y la repercusión pública
La exclusión de Cánovas generó un intenso debate mediático. La relación entre ambos, marcada por desencuentros y desconfianzas, se deterioró con el tiempo hasta desembocar en la ruptura definitiva. Aunque se llegó a especular con posibles reclamaciones, lo cierto es que el reparto se ha realizado conforme a las disposiciones de la testadora.
El caso ha sido interpretado en algunos ámbitos como un acto de venganza personal, mientras que en otros se ha visto como un ejemplo de cómo el derecho de sucesiones permite que el testador proteja sus últimos deseos incluso en situaciones conflictivas.
Una trayectoria artística que trasciende la polémica
Silvia Tortosa fue mucho más que la protagonista de una herencia controvertida. Nació en Barcelona en 1947 y desarrolló una carrera polifacética de más de cinco décadas. Su talento la llevó a participar en más de cuarenta películas, entre ellas Las Petroleras (1971) o El asesino de muñecas (1975), y a trabajar con grandes nombres del cine español e internacional.
En televisión se convirtió en un rostro habitual en programas de éxito como Aplauso o Tarde para todos, y en series como Hospital Central y Amar en tiempos revueltos. También brilló en el teatro, con papeles en clásicos como El zoo de cristal de Tennessee Williams, y en comedias como La señora presidenta.
Su inquietud artística la llevó a explorar la escritura y la dirección. En 2009 publicó Las recetas de Silvia Tortosa y en 2010 dirigió el documental Muerte en El Valle. Fue, además, una mujer comprometida con causas sociales y cercana a la cultura, la educación y la igualdad de derechos.
Legado cultural y enseñanza jurídica
El legado de Silvia Tortosa trasciende el ámbito artístico para convertirse también en un ejemplo sobre la importancia de la planificación sucesoria. Consciente de la complejidad de su situación personal, estructuró un testamento que reflejaba tanto su experiencia vital como sus afectos más sinceros.
Desde el punto de vista jurídico, su herencia demuestra cómo un testamento bien diseñado puede evitar litigios, garantizar la voluntad del testador y proteger los vínculos personales más valiosos.

Equipo de profesionales de la Notaría Bosch de Barcelona.

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